Humilde entre las verduras, la acelga es una gran hortaliza de invierno que no puede faltar en todas las mesas, como mínimo una vez por semana. Debemos hacer justicia a esta magnífica verdura que, bien cocinada, puede formar parte de nuestro repertorio de platos preferidos.

Las encontramos todo el año, pero en invierno es cuando son mejores, con más sabor, más dulces. Contienen muchos nutrientes, minerales como el calcio, potasio, magnesio, hierro, vitaminas A, E y C. También ácido fólico y yodo, así como carotenos (provitamina A).

¿Pero como las debemos cocinar? En casa las hervimos al dente con patata y zanahoria. Nos gustan así, con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra del Ampurdán o la Terra Alta. También las podemos cocinar al vapor, que van a perder menos minerales y las comeremos con más propiedades. Escaldadas guardan muchas más propiedades, pero también están buenas estofadas en algún guiso, con lentejas (acelgas con verduras), tortilla de acelgas y muchas otras.

La acelga es un producto que debemos comprar muy fresco, de otra manera pierden propiedades y pueden tener un gusto amargo. Las hemos de ver verdes (o rojas o amarillas) y brillantes, crujientes con el tallo firme.

Hay muchos tipos de acelgas, nosotros en el huerto plantamos acelgas verdes de tronco blanco de Bresanne, rojas o Red Swiss y amarillas o Bright Yellow. Nos gusta dar color a los platos, y cuando comemos acelgas las mezclamos de diversos colores.

La acelga es un alimento fácil de cultivar en un huerto urbano o en un balcón, y tiene una alta producción de alimento. Tres o cuatro tiestos con acelgas nos dan para alimentar a una familia de cuatro miembros una vez por semana.

Fotografía: Photo by Heather Barnes on Unsplash