Asociar el consumo de col al invierno, todo un tópico: trinxat de Cerdanya, hojas de col enrolladas con carne picada, rollitos de primavera, piadina de col y queso, envinagrado de col y aceitunas, chucrut, kimchi, tantas recetas como personas y culturas.

Y es que de coles hay de muchos tipos: repollo (también de muchas variedades), col Lombarda, coles de Bruselas, col Kale, col china o Bok Choy, coliflor, broccoli, colirábano, colinabo y muchas más. Todas estas variedades son consecuencia de variaciones que se han producido en la raíz, en el tronco, las hojas, las flores o los frutos.

Las coles tienen sustancias o compuestos del azufre como los indoles o isotiozioanatos, considerados antioxidantes. También aportan abundante vitamina C si se consumen crudas (col Kale) o escaldadas (repollo o col Lombarda). Abundantes minerales como el calcio o el potasio, hierro, magnesio o selenio que se conservaran  en cocciones como el salteado, vapor o cruda en ensaladas.

Son muy interesantes los estudios que vinculan toda esta gran familia a la reducción de cáncer, principalmente de cabeza y cuello, esófago y estómago. Parece que pueden regular enzimas que protegen contra el cáncer y a través de otros sistemas frenan el crecimiento de las células cancerígenas.

Fotografía: Archivo de Jordi Sarola (Mercat de la Boqueria, Barcelona)